Si notas que te enfadas con frecuencia, deja de practicar por un momento. Enfadarte no ayuda a tu pequeño. ¿Estás teniendo un mal día o tu hijo está muy cansado? ¿De verdad no hay manera? Entonces puedes saltarte el paso 1, 2 o 3 y dejarlo para otro día. ¡Mañana será otro día!
Analiza qué es lo que te enfada. ¿Tu hijo no quiere ir al orinal o al baño? Entonces puede que le preguntes con demasiada frecuencia «¿Tienes ganas de hacer pis?». O quizá tu hijo no quiera dejar de jugar. En ese caso, practica a horas fijas. Eso aporta rutina y tranquilidad. Puede ser útil que tú y otros miembros de la familia también vayáis al baño en esos momentos. Así, todos sabrán a qué atenerse. ¿Hay muchos accidentes? Comprueba si has pasado demasiado rápido al siguiente paso (paso 2, 3 o 4) y da un paso atrás. Y presta especial atención a las señales de tu hijo. ¿Vuelve a salir bien? Entonces felicita mucho a tu hijo. Eso ayuda a seguir adelante.
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