Obligar a tu hijo a ir al baño no sirve de nada. Esto puede asustarle o enfadarle, lo que suele hacer que el proceso se alargue aún más. Además, el ambiente en casa tampoco mejora. Intenta animar a tu hijo, invitándole constantemente y dejándole practicar de forma lúdica. Dile a tu hijo que ya es mayor: ¡qué valiente por querer practicar! ¡Muy bien! Hazlo también si tú mismo sientes la presión del tiempo, si tu hijo está a punto de empezar el colegio y aún no controla los esfínteres.
Acompaña a tu hijo paso a paso. Haz que el baño sea un lugar agradable y deja que tu hijo te acompañe. Practica con peluches o muñecos en el orinal. O baila un poco o canta una canción cuando vayáis al baño. Felicita mucho a tu hijo, incluso por los pequeños avances.
Ser estricto no suele servir de nada, pero ser claro sí que ayuda. Y practicar con regularidad. Conviértelo en un hábito fijo para todos los miembros de la familia. Podéis acordar que todos vayan al baño antes de cenar, es decir, tú también y tu hijo también.
Entonces dile: «No pasa nada si no sale nada, pero vamos a intentarlo un momento. Como todo el mundo. Y después nos vamos a comer algo rico». Se puede ser claro sin enfadarse ni poner cara de enfado. Después de intentarlo, dale enseguida un piropo o choca los cinco.


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