Recompensar es reaccionar de forma positiva cuando algo ha salido bien. Puede tratarse de palabras o de un pequeño gesto que ponga de manifiesto lo que se ha logrado. La recompensa sirve para aportar claridad, no como motivo principal para hacer algo.

Ejemplo: tras un momento de éxito, el padre o la madre comenta brevemente lo que ha salido bien y, junto con el niño, marca un pequeño símbolo en el cuadro de seguimiento.

Así es como ayuda: poner de manifiesto lo que ha salido bien proporciona seguridad y palabras. Los elogios siguen siendo lo más importante; los símbolos son temporales y sencillos.